Sebastián Dávila

A los 4 años de edad, Sebastián se encontraba de paseo con sus padres en un centro comercial cuando, por coincidencia, una academia de Karate impartía clases de prueba. Ese día decidieron darle la oportunidad de participar, sin imaginar que en él comenzaría a despertar un talento especial para este deporte.

Desde esa primera clase, Sebastián mostró entusiasmo, disciplina y habilidades que sorprendieron tanto a sus padres como a sus instructores. Motivados por su interés y dedicación, decidieron inscribirlo en las clases de los viernes y sábados para que iniciara formalmente su proceso de aprendizaje en técnica y combate.

Con la llegada de la pandemia, las clases presenciales tuvieron que suspenderse. Sin embargo, lejos de detenerse, Sebastián continuó entrenando desde casa a través de clases virtuales por las noches. Fue durante una de esas sesiones cuando el Sensei Salvador Schumann y la Sensei Andrea Marroquín observaron su desempeño, disciplina y potencial, y decidieron proponer a sus padres que se integrara oficialmente al equipo de competencia.

A partir de ese momento, la familia de Sebastián asumió un nuevo compromiso. Sus padres organizaron esfuerzos, tiempo y recursos para apoyarlo en cada entrenamiento, conscientes de que este nuevo camino implicaba mayores responsabilidades, sacrificios y dedicación familiar.

La primera competencia internacional de Sebastián sería en México. Fue en ese momento cuando Chofo, quien meses atrás había conocido a Sebastián y se había interesado en apoyarlo en algunas competencias nacionales, decidió dar un paso más y comprarle su boleto aéreo. Además, se comprometió con sus padres a acompañarlo y cuidarlo durante toda la competencia.

Sin embargo, a pesar de tener todo preparado para el viaje, la embajada de México no autorizó la visa de Sebastián, obligándolo a cancelar su participación.
Aunque fue un momento difícil y lleno de ilusión interrumpida, el apoyo y la confianza de Chofo dejaron una huella profunda en Sebastián y su familia.
En agosto de 2022, Chofo falleció de manera inesperada. Durante su funeral, Sebastián llegó para despedirse de él y, en un gesto lleno de gratitud y cariño, entregó una de sus medallas a la familia como símbolo de agradecimiento por todo el apoyo, motivación y entusiasmo que Chofo le brindó desde el día en que lo conoció.
Ese acto conmovió profundamente a la familia de Chofo, quienes decidieron continuar su legado apoyando no solo a Sebastián, sino también a otros jóvenes deportistas. Fue así como Sebastián se convirtió en el embajador de lo que hoy es la Fundación Chofo Navas Solares.

El esfuerzo, la disciplina y el compromiso de Sebastián continuaron dando frutos cuando logró clasificar al Campeonato Mundial de Karate WKC 2022 en Irlanda, junto a otros integrantes del equipo de la academia Wolfpack. Durante semanas entrenó intensamente todos los días, aun sin saber si podría asistir, ya que primero era necesario reunir los recursos para cubrir el viaje y todos los gastos que implicaba representar a Guatemala en una competencia de esa magnitud.
Fue entonces cuando la familia de Chofo, dando uno de los primeros pasos para hacer realidad la Fundación Chofo Navas Solares, decidió cubrir los gastos necesarios para que Sebastián pudiera participar y cumplir su sueño de representar al país en el campeonato mundial.

En el año 2021, Sebastián alcanzó la primera cinta negra de su categoría, marcando un importante logro en su formación deportiva. Poco tiempo después, surgió una nueva meta: participar en competencias internacionales. Este sueño también representaba un gran reto, ya que implicaba cubrir gastos de inscripción, boletos aéreos, hospedaje, entrenamientos y viáticos necesarios para representar dignamente a Guatemala.

Aun así, con esfuerzo, disciplina y el apoyo de quienes creyeron en él, Sebastián continuó avanzando hacia sus sueños, demostrando que el talento acompañado de oportunidades puede transformar vidas.

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